Comparativa Range Rover Evoque contra Volvo XC60


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El Land Rover Evoque y el Volvo XC60 llegan para brillar un planeta donde triunfan muchos coches faltos de personalidad. Dos modelos de imagen diferente.

La propuesta del Range Rover Evoque es ofrecer líneas rotundas y una imagen impactante. Quien lo ve lo sigue con la mirada: ventanillas con poco cristal, portón del maletero pequeño, mucha chapa… Por su parte, el Volvo XC60 es como su antítesis: líneas fluidas, una silueta de elegancia atemporal, curvas en lugar de aristas, frontal afilado y un aire dinámico que choca de frente con el estilo Transformer del inglés. Por todo esto creo que son los dos SUV más apetecibles de la actualidad. Y aunque de tamaño no son iguales, quiero saber si se parecen en algo más.

A la batalla se presentan un Range Rover Evoque 2.2 SD4 de 190 CV y un Volvo XC60 D5 AWD Geartronic (en las fotos puedes ver un acabado Drive), ambos con cambio automático de seis marchas. Comienza el baile. Elijo el Evoque por ser el más nuevo de la pareja. Para entrar en sus plazas traseras tengo que acceder a través de un hueco más bien estrecho que, aunque no pone dificultades, sí te hace torcer el gesto al salir, ya que en la mayoría de los casos rozarás la chapa con la pierna. Y si está sucio, imagínate… Una vez acomodado, descubro que es muy amplio: pueden ir tres personas sin llegar a odiarse gracias a una anchura adecuada y a una postura relajada. Encuentro unos asientos con un mullido más bien duro (bastante más que delante) y la banqueta un poco baja.

Range Rover Evoque y Volvo XC60 por dentro

Dentro, el XC60 es una delicia. La posición que adoptas es cómoda y relajada a pesar de que, al igual que el Range Rover, la banqueta es un pelín corta y baja. Pero en todo lo demás sobresale: mullido adecuado, espacio para las piernas… No me convence la posición del reposacabezas: está demasiado retrasado, lo que puede resultar incómodo en viajes largos. Eso sí, aunque no se sumergen, tampoco se entrometen en la visión trasera. Me lanzo a la carretera con el Evoque. Al presionar el botón de arranque la ruleta del cambio emerge de la nada tal y como hace el Jaguar XF. Si quieres maniobrar, el paso de D a R se hace largo. Intuyo que buena culpa la tiene la propia caja de cambios, pero el movimiento es un poco tedioso. Por fortuna no es así su funcionamiento una vez en marcha.

Aquí sí prefiero el cambio del Range Rover Evoque porque es un pelín más rápido, lo que te da más sensación de inmediatez a la hora de apretar el acelerador. Esto redunda en unas mejores sensaciones de conducción, aunque todo tiene una cara B. En este caso, a la hora de circular a velocidad mantenida, la mínima presión sobre el acelerador se traduce en pequeños tirones. El Volvo XC60 mima más a sus ocupantes. Pasa de una relación a otra con tanta suavidad que apenas lo sientes y es ideal para llevar velocidades mantenidas en autopista, ya que la caja Geartronic no está demasiado cómoda en carreteras reviradas.

Range Rover Evoque y Volvo XC60 en marcha
En la prueba de carretera me encuentro con dos modelos de gran calidad de rodadura, pero es el Volvo el mejor de su clase en este apartado: la suspensión es buena y la insonorización del habitáculo está muy conseguida. Eso sí, en tramos virados penaliza con balanceos. En cuanto al Range Rover, es sin duda el más dinámico de su familia… lo que tampoco quiere decir que te puedas hacer un tramo ‘a cuchillo’. Su cambio tiende a engranar marchas largas. Tanto, que en atascos en los que no acabas de llevar una velocidad sostenida he preferido activar el modo Sport para que me aguante la segunda.

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